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Cicloturismo por un batido

Mantener una temperatura corporal baja es esencial en la práctica deportiva; y, si hace mucho calor, puede ser un factor decisivo para conseguir buenos resultados en la competición. Sin embargo, Marcel Wüst, ex ciclista profesional, constató que no basta con ingerir una bebida cualquiera.

La Herald Sun Tour de Australia incluía una prueba cronometrada: unos 40 kilómetros de Apollo Bay a Lorne. Yo ya había conseguido sendas victorias en dos etapas y, como esprínter, tenía pocas ambiciones en lo relativo a la clasificación final. Por eso tenía claro que ese día competiría en plan algo más tranquilo. Antes de la señal de salida, ya hacía un sol abrasador y mucho calor.

Así que decidí bajar un poco la temperatura corporal. ¿Y qué mejor opción que un Thickshake, es decir, un batido con la consistencia de un helado cremoso? Como estaba asfixiado, pedí uno de tamaño grande, que en Australia puede llegar a ser de 750 ml. Pensé que a los 15 minutos del inicio de la carrera me sentaría estupendamente una deliciosa bebida fresquita con sabor a vainilla, caramelo y plátano. ¡Qué inocente era con 24 años! El dolor de cabeza que me sobrevino de repente por el frío me dejó claro que mi idea no era tan genial como pensé en un principio. Después de pasarlas canutas para conseguir beberme el batido, el líquido se me subió varias veces a la garganta durante la carrera.

Como consecuencia, mi velocidad dejó mucho que desear y me quedé en la cola. No llegué el último gracias a que otro ciclista sufrió dos pinchazos en las ruedas. Durante los 40 kilómetros que recorrí me consolé pensando en que el paisaje australiano que estaba disfrutando desde la bicicleta era impresionante. Los únicos resultados que alcancé ese día fueron conseguir beberme el mejunje y no echarlo, lo que me costó lo mío.

Fue la última vez que me decanté por una bebida de ese estilo para una competición: el paisaje tampoco era para tanto.